jueves, 17 de marzo de 2011

Presentación

Mi nombre es Alicia Martínez. Soy profesora de Lengua castellana y literatura en el IES Rayuela de Móstoles (Madrid). Este año imparto clases a un grupo de 1º de la ESO, a un grupo flexible  (y otro de Refuerzo) de 2º de la ESO y, por último, a un grupo de 4º de la ESO del que soy también tutora.
     Me interesa la promoción y protección de la educación pública como forma de equilibrio social y porque entiendo que es la  única manera de conseguir una sociedad más igualitaria y educada en los valores de colectividad que hacen posible la convivencia y el avance.
     También pienso que, en ocasiones, los profesores nos ponemos un poco pesimistas en cuanto a la valoración de dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. El análisis, en abstracto, que realizamos, no se corresponde con la información que damos después tanto de nuestros grupos como de los alumnos a nivel particular. Tengo la sensación de que entre una cosa y otra hay una fisura que tal vez estamos pasando por alto y que es, precisamente, la que podría hacer que modificásemos hábitos o maneras de trabajar en nuestros institutos... Claro que la desmotivación, el hastío, la falta de base, etc., son elementos presentes en las aulas. Pero no es menos cierto que, en el fondo, tenemos también otros momentos de disfrute y recompensa. ¿Cuántos trabajos conocéis de los que se pueda decir lo mismo?
     Tal vez sea ingenua u optimista. Este año estoy disculpada. Aprobé las oposiciones. Tengo el pesimismo amortizado durante muchos años...

Entrada cero

Desde hace muchos años, cada vez que inicio un nuevo camino (del tipo que sea), un poema me acompaña: «Ítaca», de Cavafis. Me parece que refleja perfectamente el equilibrio del camino andado y el que queda por andar. Antes del poema (en mi caso) estuvo el tema que, a partir de él, musicó Lluís Llach... Así que aquí os dejo con ambos:



Cuando salgas a la ida hacia Ítaca,
pide que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrígones y a los Cíclopes,
al iracunco Poseidón no temas,
tales en tu camino nunca encontrarás,
si elevado permanece tu pensamiento, si elegida
emoción pulsa tu espíritu y tu cuerpo.
A los Lestrígones y a los Cíclopes,
al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma ante ti no los eleva.

Pide que sea largo el camino.
Que muchas sean las alboradas estivales
en que con qué contento, con qué gozo
arribes a calas vistas por vez primera;
detente en emporios de Fenicia,
y adquiere las mercancías preciosas,
corales y nácares, ámbar y ébano,
y voluptuosos y variados perfumes,
cuanto más abundantes puedas los voluptuosos perfumes;
ve a ciudades de Egipto, a muchas,
aprende y aprende de los instruidos.

Siempre en tu mente ten Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures en nada el viaje.
Mejor que por muchos años se prolongue;
y, ya viejo, ancles en la isla
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.

Ítaca te dio el viaje hermoso.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Pero no tiene ya que darte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprendieras ya qué significan las Ítacas.

C.P. Cavafis, «Ítaca», en Obra poética completa (traducción de Alfonso Silván Rodríguez), Madrid, Ediciones La Palma, 1991